Cuando ya no se puede sufrir más,
y cuando el sacrificio por amor
ha llegado a su máximo exponente,
ya sin tiempo, sin fuerzas, la crudeza
es ausencia de todo, la licencia
de otra vida, acelera la belleza
los mayores dolores del pasado,
sí ocho décadas lágrimas transforman,
corredor de la paz en trance amargo
amanece, jamás lo imaginó
con esperanza de Dios lo perfila.
En paralelo, sitio muy alejado,
diluida alegría por el mal
del tiempo derramado; como el frío
que hiela mirada, cuando destruida
agradece la calma que perdura,
y los dificilísimos clamores
de sus pisadas lentas y rendidas,
ya con la voz muy baja murmuraba:
“que la vida no sirve para nada”
sólo piensa a veces sola que:
“rostro desdibujado no se lleva”.
José Pómez
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