Para crecer la flor
necesitaba agua,
y sin tormenta ya no le llegaba
el brazo a la raíz suela de rama,
y en el viento sonoro
ocurre lo que quiere
el dislocado azar de los pesares.
Reconozco sus besos
lleva la luna al pez
por el camino dulce,
y como una señora enamorada
el Sur acude próximo a una fuente
crece durante tres décadas lentas
arropado de espino.
Estos míseros versos
que escribo torpemente ya no sirven
para sembrar el valle;
como pasó otras veces pasará
aquella tarde eterna
fijando la mirada
en cepa y tierra abierta.
José Pómez
http://pomez.net
jose@pomez.net